Gobernarte | EncuestasGobernarte | EncuestasGobernarte | Encuestas

La arrolladora victoria de Claudia Sheinbaum es, en sí misma y en primera instancia, un logro para las mujeres mexicanas. Más allá de los partidos políticos y las ideologías, el hecho de que una mujer esté al frente de los destinos de este país es un cambio simbólico y arquetípico que tendrá sus efectos en la forma de gobernar y en el inconsciente colectivo de un país con profundas raíces matriarcales, pero también con genes machistas y misóginos.

A pesar del enorme peso político que representa López Obrador para su liderazgo, la hoy presidenta electa ha podido marcar una agenda propia y ha respondido con buenos reflejos ante las coyunturas negativas que trajo consigo la abrumadora mayoría obtenida en el legislativo el pasado 2 de junio.

La ratificación del secretario de Hacienda y el nombramiento de un gabinete moderado y capaz, así como las reuniones con los representantes de los capitales internacionales, hacen percibir a una Claudia Sheinbaum con los ojos puestos en el concierto internacional, ámbito descuidado y desdeñado por el hoy todavía presidente de México. Se espera, por el bien del nuevo gobierno, el anunciado retiro político de López Obrador que le permita a la nueva mandataria ejercer el poder sin desequilibrios ni pugnas internas.

Ante una oposición aplastada por su propia incompetencia, se esperaría también a un gobierno firme, pero ejerciendo el poder con templanza, sin caer en la seductora dictadura de mayorías donde las minorías son aplastadas y con ellas el sistema democrático, que es el que posibilita que todas las voces sean escuchadas y tomadas en consideración, bajo la premisa de que, de diferente forma y en distintos ámbitos, todos formamos parte de una minoría.

Ser presidente de un país significa gobernar, a veces en solitario y a veces con la corte (gabinete). La soledad es algo con lo que siempre se debe contar cuando se gobierna, a veces para bien y a veces para mal. Pero la corte o una parte de ella, siempre querrá acorralar al gobernante y nuestra nueva presidenta, por su propio bien y el de sus gobernados, tendrá que salir de esa burbuja cotidianamente y con mucha sabiduría, cambiar a sus integrantes cada que lo estime necesario.

Lo anterior, para poder cumplir el principal reclamo de México; justicia y la paz, y eso sin duda pasa por una reforma al poder judicial (y al poder en general) pero también es algo más profundo que ese simple hecho. Reducir el hambre y la sed de justicia del pueblo de México a una reforma legal es una visión reduccionista, por no decir ingenua, de todo lo que hace falta para que este país deje de vivir en el miedo constante en el que el crimen organizado y la complicidad gubernamental nos han sumido.

Lo primordial y tal vez lo más importante sería, por muy simple que parezca, que la nueva gobernante anhelara pacificar a México. Una pacificación que vaya más allá de la comunicación gubernamental o de querer tapar al sol con el pulgar, o incluso de querer sumirnos en un falso debate entre buenos y malos.

Crear un país de instituciones y de reglas generales, es la base para el orden y el desarrollo de cualquier sociedad. Los retos para este nuevo gobierno vendrán a partir del 1 de octubre; ahí es donde los mexicanos queremos ver la ruptura con el patriarcado presidencial, ahí es donde la cercanía, la intuición y la empatía que caracteriza al género femenino podrían y deberían hacer la diferencia.

Send this to a friend