CABILDEO EN MÉXICO UN TEMA DEBATIDO Y SIN REGULACIÓN

“Sólo los hombres libres pueden negociar… .
 Vuestra libertad y la mía no pueden separarse”
 Nelson Mandela

El cabildeo es una figura que ha sido objeto de numerosas críticas porque cruza una delgada línea con un acto ilícito denominado el tráfico de influencias, figura que se configura incluso como un acto que conlleva responsabilidades administrativas e incluso penales.

Permítame explicarle de una manera más detallada y contextual: el cabildeo, tal como lo define Roberto Ehrman, es una práctica para influir y orientar las decisiones de los actores políticos en el terreno legislativo, gubernamental y judicial, y se ha desarrollado en el ámbito de los modernos Estados Democráticos, en donde se presenta un acentuado pluralismo de organizaciones de intereses. 

Al abrir mi Código Penal Federal y echarle una ojeada al art. 221, prácticamente el supuesto previsto en su fracción III, no es una copia pero es una definición claramente parecida a la definición de Ehrman vea usted con sus propios ojos: “…comete el delito de tráfico de influencia:… IV. Al particular que, sin estar autorizado legalmente para intervenir en un negocio público, afirme tener influencia ante los servidores públicos facultados para tomar decisiones dentro de dichos negocios, e intervenga ante ellos para promover la resolución ilícita de los mismos, a cambio de obtener un beneficio para sí o para otro”. En México penalistas objetan este tipo de delitos, en virtud de que existe un principio en Derecho denominado tipicidad que establece que una conducta debe reunir todos y cada uno de los elementos previsto en el tipo penal (art. 221, IV). 

Permítame enumerar los requisitos del delito de tráfico de influencias: 1) Sin autorización legal; 2) Intervención; 3) Negocio público; 4) Afirmación tener influencia ante los servidores públicos para tomar decisiones dentro de dichos negocios; 5) Intervención ante los servidores públicos descritos en el punto 4, para promover la resolución ilícita de los mismos, y 6) a cambio de obtener un beneficio para sí o para otro.

Queda clarísimo que el sistema penal mexicano debe analizar que los tipos penales puedan ser más sencillos en su desarrollo, porque su cumplimiento deriva de un sinnúmero de particularidades debido que se requiere acreditar muchos elementos para configurar el delito, por ejemplo: i) a criterio de quien se definen los puntos 1 y 2, ¿un contrato con una empresa de cabildeo podría considerarse una autorización legal?; ii) ¿qué se entiende por “negocio público”?; iii) ¿cómo demuestro la afirmación de tener influencia sobre los servidores públicos para la toma de sus decisiones? ¿Un maestro de preparatoria del servidor público tuvo influencia sobre sus alumnos? Y sobre todo probar que esa influencia fue determinante para la toma de la decisión; iv) ¿qué sucede si derivado de la intervención obtuve una licencia, permiso o concesión de manera lícita?, y v) considerando los avances que ha tenido México en temas de lavado de dinero, el comprobar que se obtuvo un beneficio, que parecería muy sencillo de acreditar, pero que hemos tenido un sinnúmero de casos en los que tampoco se acredita.  

Con ello debemos señalar que el juzgador penal tiene muchos criterios ambiguos para determinar un acto de tráfico de influencias como cabildeo. Reitero la conclusión que alguna vez comenté con el Maestro Sergio Huacuja Betancourt respecto a que el esquema de responsabilidades administrativas y penales del sistema mexicano, es tan ambiguo en sus conceptos que permite voluntaria o involuntariamente servir como instrumento para condenar a servidores públicos no afines al partido en el poder. 

A que voy con esto, a que resulta necesario reconocer que el cabildeo como figura es un tema sin duda novedoso en un país como México, que surgió a partir de la apertura de nuestro país al escenario internacional y la pluralidad de actores políticos distintos a los del partido único que se encontraba en el gobierno. 

Ante estos escenarios se puede dividir su historia y la necesidad de requerir este tipo de vehículos especializados de “negociación política” en 3 fases: 1) el cabildeo utilizado por el Gobierno Mexicano durante la administración de los presidentes De la Madrid, Salinas y Zedillo en los que se contrataron agencias para gestionar con el gobierno de los Estados Unidos asuntos relacionados con migración, narcotráfico, comercio, medios de comunicación, imagen de México, turismo, lavado de dinero e incluso disputas comerciales y 2) el cabildeo que utilizó el Gobierno del presidente Fox para facilitar negociaciones el actores relevantes del Congreso Mexicano y que eran oposición, y 3) el cabildeo que empezaron a utilizar grupos de políticos o privados para influir en las decisiones de los tomadores de decisiones en el Estado Mexicano. 

Las 3 fases de la historia del cabildeo en México requerían aptitudes completamente distintas en las personas que se dedicaran al mismo: en el primer grupo era claramente necesario tener cercanía al Gobierno Mexicano y al Gobierno de los Estados Unidos para fungir como un puente de resolución en las negociaciones del gran número de acuerdos comerciales que se firmaron durante esos años. 

En el segundo grupo era necesario tener cercanía con los principales actores de los partidos políticos de oposición, el ejemplo claro fue el trabajo que hicieron Carlos Abascal Carranza y Francisco Gil Díaz, secretarios de Gobernación y de Hacienda y Crédito Público y un gran número de cabilderos contratados para negociar y lograr acuerdos con la oposición. Esto incluso detonó que al interior de las dependencias se crearan unidades de enlace legislativo. 

Y el tercer grupo es la actividad en la que grupos políticos o particulares (como las grandes compañías), negocian o impulsan sus intereses para que sean incluidos dentro de políticas públicas o legislaciones. Hoy en día, es tal la necesidad de lograr acuerdos con el Gobierno que actualmente las empresas han optado por integrar dentro de sus estructuras corporativas, áreas denominadas “Relaciones con Gobierno” o “Public Affairs”.

Cabe señalar que un gran número de académicos, especialistas en la materia, señalan que el cabildeo tuvo su evolución al existir un mayor número de actores con quien negociar, debido al correcto funcionamiento del sistema de pesos y contrapesos que el gobierno mexicano tiene entre sus poderes ejecutivo, legislativo y judicial. De hecho, me permito citar a Roberto Beltrán, académico de la Facultad de Negocios de la Universidad Lasalle que señala que “el cabildeo y su capacidad de concretar negociaciones, es parte de la democracia”. 

Tenemos que aceptar como sociedad que siempre existirán intereses del sector público, privado y social pero que actualmente, se realizan mediante esquemas y perfiles informales sin tener una clara identidad como una actividad profesional, que en la mayoría de las veces es desprestigiada por que se asocia con actividades de corrupción y poco transparentes.  

Se han realizado ejercicios para formalizar esta actividad desde las Cámaras Industriales como lo que se hizo en el año 2000 con la creación de la Comisión de Enlace Legislativo de la CONCAMIN y la Dirección de Cabildeo y Enlace Legislativo de la COPARMEX, a los que le han seguido las Unidades de Enlace Legislativo que tienen el CCE, la CANACINTRA y demás representantes industriales, pero no ha sido suficiente.

El cabildeo legislativo en nuestro país no es muy distinto al que se realiza en España, Estados Unidos o incluso Inglaterra: los cabilderos participan redactando iniciativas de leyes, reglamentos o normativas específicas; dotan información privilegiada a los legisladores como tomadores de decisiones, para convertir estos proyectos de iniciativas en políticas públicas; empleando tanto el cabildeo directo (contactos con diputados y senadores) como el indirecto (la sensibilizar de la opinión pública).

Para concluir mi participación en este espacio que amablemente me ha brindado GOBERNARTE quiero señalar que el hecho de que exista cabildeo en un país refleja que existe una democracia, porque en una democracia se deben lograr compaginar los intereses de una sociedad en pro del bien común. Ante esa realidad las democracias más avanzadas tienen esquemas de cabildeo regulado que, como bien señalan algunos expertos, cumplen 4 pilares fundamentales:

  1. Proponer soluciones a problemas sociales, políticos y económicos, con base en la experiencia que deriva de sus actividades (soluciones reales y legales).
  2. Fortalecer el poder y la influencia de las organizaciones de la sociedad civil (sensibilización).
  3. Promover la participación democrática de los ciudadanos (participación activa).
  4. Buscar la solidaridad entre los ciudadanos (unidad).

Para este y más temas de política y cultura-pop no se pierdan los episodios semanales del podcast “Cooltivando Ideotas” que se encuentra en las principales plataformas (Spotify, Apple Podcasts, Google, etc.).

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