La fiesta terminó: Por qué ya no dejamos las llaves bajo el tapete
Hubo un tiempo en que el mundo se sentía como una fiesta de graduación eterna. Todos bailábamos con todos bajo la música de la globalización, convencidos de que, si compartíamos el mismo ponche comercial, nadie se atrevería a romper los muebles. Esa fue nuestra globalización ingenua: la creencia de que una hamburguesa en Moscú o una fábrica en Shenzhen eran garantías de paz…





