La paridad no se negocia
La política mexicana atraviesa un momento de definiciones profundas. En medio del debate por una nueva reforma electoral, una pregunta resulta inevitable: ¿están los derechos políticos de las mujeres sobre la mesa de negociación? Para el Colectivo 50+1, la respuesta es clara y contundente: la paridad no es una moneda de cambio.
Este movimiento nació desde la resistencia y la lectura crítica del poder. En 2018, tras una contienda electoral compleja en Chiapas, María Elena Orantes, junto con Claudia Trujillo, identificó una falla estructural del sistema: sin una mayoría efectiva de mujeres en los espacios de decisión, las políticas públicas sensibles a las mujeres y las familias simplemente no avanzaban. De esa reflexión surgió una convicción que hoy articula al colectivo: sin el “50 por ciento más uno”, la paridad es incompleta.
De la representación al poder real
Ocho años después, 50+1 se ha consolidado como la red de liderazgos femeninos más influyente del país. Su planteamiento es claro: la paridad no puede limitarse a una cifra constitucional; debe traducirse en ejercicio real del poder. La igualdad formal es apenas el punto de partida, no la meta.
El pasado 8 de enero, en su cena de inicio de año, más de 150 mujeres de distintos ámbitos conformaron un frente común bajo una consigna inequívoca: “Ni un paso atrás”. En ese espacio, voces como la de la diputada Kenia López Rabadán reafirmaron que la paridad es una conquista histórica que no admite retrocesos. Desde la Suprema Corte hasta el territorio, la presencia paritaria es fruto de una lucha colectiva, no de concesiones.
Blindar los avances democráticos
La ministra Yasmín Esquivel subrayó que la reforma judicial de 2025 marcó un hito en materia de paridad y que el reto actual es defender ese cimiento y profundizarlo. Como ha señalado también la senadora Carolina Viggiano, el desafío ya no es solo ocupar espacios, sino acceder a la mitad del poder real.
Tres mensajes clave del Colectivo 50+1:
La paridad es un derecho conquistado, no negociable.
La igualdad sustantiva es el estándar mínimo democrático.
Sin mujeres en el poder real, no hay democracia plena.
El mensaje es inequívoco: la paridad es un bastión democrático. En el México de hoy, la política se escribe con nombre de mujer o simplemente no ocurre.


