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Con solo 3 medallas de plata y 2 de bronce, México ha quedado en un modesto puesto 65 del medallero en París 2024. Para eso nos alcanzó y este resultado, a pesar del evidente esfuerzo de nuestros deportistas, refleja una vez más las profundas deficiencias en la política deportiva de nuestro país, sumadas al enfoque económico y marketero que sigue priorizando desproporcionada y paradójicamente al fútbol, en detrimento de otras disciplinas que sí podrían llevar a México al éxito deportivo.

Pero, ¿a quién le echamos la culpa? ¿A los encargados de estas políticas, por la falta de inversión y de resultados, o a la sociedad en su conjunto por seguir fomentando una cultura deportiva eminentemente futbolera?

El apoyo financiero y logístico que recibieron nuestros atletas fue, por decir lo menos, insuficiente. Y claro que esta situación contrasta evidentemente con el fútbol, que atrae enormes recursos de patrocinadores públicos y privados, relegando a los deportes olímpicos a un segundo o tercer plano y limitando las oportunidades para que posibles practicantes puedan alcanzar su potencial.

Nuestra obsesión nacional con el fútbol también ha creado una cultura deportiva en la que otros deportes reciben poca o nula atención y reconocimiento. Desde una edad temprana, hay una falta de incentivos estructurales e institucionales hacia los deportes que forman parte esencial del programa olímpico; no cuentan con la mínima promoción o infraestructura para resultar atractivos a las nuevas generaciones. ¿Así cómo?

Los medios de comunicación juegan un papel crucial en este triste fenómeno. En México, la cobertura deportiva se centra abrumadoramente en el fútbol, dejando a otros deportes sin la visibilidad que necesitan para atraer patrocinadores y generar interés público. Esto no solo afecta la financiación de los atletas, sino que también limita el reconocimiento social de sus resultados, que quedan en meros anecdotarios de pequeños éxitos cada 4 años, y hasta ahí.

En el ámbito político, la falta de continuidad en las políticas deportivas y las grillas por demás conocidas han exacerbado estos problemas. Y sorprende que haya quienes se sorprendan con los resultados obtenidos en los Juegos Olímpicos de París 2024.

Es necesario un cambio profundo en la política deportiva del país, que implique una inversión equitativa y un apoyo integral a todas las disciplinas. Solo así se podrá hacer justicia al talento y al esfuerzo de los atletas mexicanos, quienes merecen competir en igualdad de condiciones y tener la oportunidad de llevar a su país, para ahora sí, poder escuchar el himno nacional en Los Ángeles 2028.

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