La tecnología puede ser nuestra aliada o nuestra enemiga, dependiendo totalmente de cómo, como individuos y como sociedad, decidamos utilizarla. En un mundo donde la información fluye a la velocidad de un clic, es esencial reconocer el papel clave que desempeña la tecnología en nuestro proceso electoral.
Según el Informe de Riesgos Globales 2024 del Foro Económico Mundial (WEF), dos de los top cinco riesgos a corto plazo este año están intrínsecamente relacionados con la tecnología: la desinformación y los ciberataques. Ocupando el primer lugar, la desinformación, un fenómeno que puede debilitar los cimientos de la democracia y, en cuarto lugar, los ataques cibernéticos, una amenaza que puede llegar a comprometer la integridad de nuestro proceso electoral.
Más de 2000 millones de personas en el mundo, incluyendo México, acudirán a las urnas en 2024, convirtiendo el acceso y consumo de información en un factor fundamental para la toma de decisiones. En este contexto, la desinformación, potenciada por la Inteligencia Artificial, se vuelve un desafío crítico que puede distorsionar la realidad y manipular la opinión pública.
El caso emblemático de Cambridge Analytica y su impacto en las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2016 fue un claro ejemplo de cómo la desinformación puede ser utilizada como estrategia política donde la tecnología se convirtió en una herramienta poderosa para moldear percepciones y, por ende, decisiones electorales. No olvidemos que según PolitiFact el 70% de las declaraciones de Trump eran falsas o grandes mentiras y estas influyeron en la toma de decisiones el electorado.
¿De quién es la responsabilidad de mitigar la desinformación? De todos, todas y todes. Es decir, el gobierno, los actores políticos, los medios de comunicación, el sector privado y los ciudadanos tenemos esta responsabilidad. En un mundo donde todos tenemos acceso a plataformas digitales, la creación, difusión y consumo de información precisa se convierte en una tarea colectiva para preservar la integridad de nuestras elecciones y fortalecer nuestra democracia.
En este contexto, la tecnología también puede ser utilizad como parte de la solución. Aquí comparto cinco consejos prácticos que ChatGPT sugiere para combatir la desinformación: verifica las fuentes; cuestiona la narrativa; promueve la alfabetización digital y mediática; analiza la información evitando dejarte llevar por emociones; no contribuyas a la desinformación compartiendo contenido sin asegurarte de que la fuente y la información sea verificada. Por otra parte, existen plataformas digitales como LatamChequea y PortalCheck.org que cuentan con herramientas y consejos de como detectar contenido falso.
Ahora bien, ¿deberíamos exigirle a las y los candidatos compartir fuentes de los datos, imágenes y contenidos que mencionan en sus declaraciones y publicaciones en redes sociales? ¿Quién dice que sí? ¿Quién cree que eso no hará una diferencia? Esta interrogante plantea una reflexión crucial sobre la transparencia y la responsabilidad de aquellos que buscan liderar nuestro país. La exigencia de compartir fuentes no solo fortalecería la confianza en los candidatos, sino que también elevaría el nivel de debate político, promoviendo una cultura de veracidad y autenticidad en nuestra esfera pública digital.


