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Comúnmente relacionamos al gobierno con áreas como la economía, el derecho, la administración o la seguridad, y aunque ciertamente son campos vinculados directamente al ejercicio del mismo, la capacidad de orquestar todas esas variables, dirigirlas a un objetivo común y convencer a las mayorías de que el camino tomado es el correcto, requiere más de las habilidades de un artista que las de un especialista en una o diversas áreas.

Como una pintura, la política se presta a muchas interpretaciones, dependiendo quien la observe, por lo que el buen manejo de la perspectiva para el político como para el artista, le permite llegar a variados públicos que se identifican con la obra o misión del político.

De la misma manera, el arte tiene el poder de conectar y evocar emociones profundas, trascendiendo las barreras del lenguaje y la cultura, como en la política, el mensaje del gobernante o aspirante a gobernar, debe conectar con las necesidades y expectativas de sus ciudadanos, a través -principalmente- de su retórica, que bien ejecutada y dirigida, puede mover corazones y cambiar percepciones, como lo hace una pieza de arte.

Asimismo, tanto el arte como la política, se nutren del simbolismo y la narrativa para comunicar mensajes complejos de manera comprensible y replicable. Artistas y políticos -de estos últimos una escasa minoría- construyen narrativas y usan símbolos para transmitir mensajes más profundos y conectar con su audiencia en niveles subliminales.

Hoy la política se refleja como un mero oficio, una vía para alcanzar el poder por la nimia ilusión de ejercerlo, sin la vocación de alguien que quiere hacer algo que lo trascienda y lo lleve al mejor estado, al de los hombres y mujeres que han inscrito su nombre en la historia universal, aquellos que han sacrificado sus intereses personales al servicio de su pueblo y de su futuro.

Decimos que una obra es bella cuando sentimos que nos dota de ciertas virtudes que nos faltan, cuando nos identificamos con la interpretación que le damos al lienzo. Eso mismo anhelamos ver en la política; artistas de lo posible, creadores de realidades, formadores de sueños.

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