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Los Juegos Olímpicos están dando mucho de qué hablar y, en algunos casos, no necesariamente por los récords que se están rompiendo. De hecho, curiosamente, en las pistas de nado ocurre lo contrario: los 2 metros de profundidad de la alberca principal han ocasionado lo opuesto. Según los expertos, los 3 metros de profundidad de los anteriores juegos permitían una mayor velocidad. Dato curioso.

Así es como las tecnologías pueden o no modificar el desempeño de los atletas, además de sus condiciones personales. Este es justamente el argumento que se ha mal utilizado para atacar el desempeño de la boxeadora argelina Imane Khelif, por su condición física o lo que aparenta ser su condición física. Cuando un hombre tiene un cuerpo dotado de espectacularidad y se destaca en su disciplina, como Michael Phelps en natación, es un dios, pero cuando es una mujer quien tiene un físico dotado, es un “hombre”. Así, la hipocresía y el pretexto perfecto para que los discursos de odio y transfobia se manifiesten en redes sociales y encuentren su caja de resonancia.

Dichos ataques contra Imane Khelif han sido transversales: medios de comunicación, periodistas y tuiteros lo han hecho. Incluso han llevado al propio Jefe de Misión de la delegación de México en París 2024, Bernardo de la Garza, a hacer comentarios que pudieran ser controversiales, por decir lo menos, señalando que la participación de la boxeadora argelina en la justa olímpica “va contra los valores del deporte” y que “no está bien, es injusto”.

No ha bastado que los padres de Imane hayan salido a declarar que es mujer, que nació mujer y que fue criada toda su vida como mujer. No ha bastado que su pasaporte, emitido por autoridades argelinas (país donde el islam es la religión mayoritaria y que no tolera la diversidad sexual), la acredite como mujer. Tampoco ha bastado que la máxima autoridad olímpica le haya permitido competir no solo en París 2024, sino también en Tokio 2020. 

Sumado a ello, no hay que dejar de lado que la Asociación Internacional de Boxeo (organismo ligado a Rusia) ha encabezado parte de las polémicas a través de acciones, declaraciones y supuestos test de género hacia la señalada, que ya han sido descalificados por el Comité Olímpico Internacional. El propio vocero ha calificado esto como “una campaña más amplia, liderada por Rusia, contra el COI y los Juegos Olímpicos de París”, donde solo 15 atletas rusos compiten como neutrales luego de que se sancionara al país tras su invasión de Ucrania.

La escalada llevó hasta jefes de Estado, haciendo que la presidenta de Italia, una mujer, Giorgia Meloni, sacara a relucir su transfobia habitual. Asimismo, el propio presidente de Argelia, un hombre, Abdelmajid Tebboune, manifestó su respaldo no solo a Khelif, sino a todas las mujeres de su país. En fin.

El discurso de odio no distingue de razones, ni de ciencia, ni de consensos sociales; simplemente existe y se prolifera a la menor provocación. ¿Peligroso? Sí. Pero también es una gran oportunidad para quienes nos manifestamos a favor de la diversidad y, sobre todo, de la tolerancia, de exponer nuestras ideas. Aun cuando el debate esté basado en una falsa premisa, Imane no es una mujer transgénero, es una mujer y, para lamento de muchos, es ganadora de una medalla olímpica.

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