DAVOS 2026 Y EL GIRO DEL PODER GLOBAL El F o r o E c o n ó m i c o Mundial de Davos ha dejado de ser el templo de la globalización sin fronteras para convertirse en el laboratorio de una nueva y cruda doctrina: el nearshoring político. Si en años anteriores el debate giraba en torno a la eficiencia de las cadenas de suministro o la descarbonización, la edición de 2026, bajo el lema “Un espíritu de diálogo”, ha revelado que lo que hoy se relocaliza no son solo fábricas de microchips o plantas industriales. El concepto tradicional de nearshoring nació de la logística: acercar la producción al consumidor final para reducir costos y riesgos. Evolucionó al friendshoring, donde la ideología dictaba con quién comerciar. Sin embargo, lo que presenciamos en Davos es el nearshoring político: la relocalización estratégica de la soberanía y de la toma de decisiones hacia ecosistemas de aliados, donde el riesgo ya no es el flete, sino el cambio de humor de una superpotencia. LA RUPTURA DEL ORDEN BASADO EN REGLAS Como bien señaló el primer ministro canadiense Mark Carney en una de las intervenciones más comentadas, el orden basado en reglas ha sufrido una “ruptura”, no una transición. En este vacío, los países ya no buscan únicamente socios comerciales; buscan “espejos regulatorios”. El nearshoring político implica que una nación prefiera alinear su marco legal en inteligencia artificial, sus estándares de derechos humanos o sus políticas de datos con un bloque de confianza, incluso si ello supone mayores costos económicos en el corto plazo. Davos 2026 fue el escenario en el que potencias medias como Canadá, Indonesia, los Emiratos Árabes Unidos, México y Singapur dejaron d e s e r a c t o r e s secundarios para c o n v e r t i r s e e n arquitectos de este nuevo modelo. Ante la imprevisibilidad de un Estados Unidos m a rc a d o p o r e l proteccionismo y una China en proceso de redef inición, e s t a s n a c i o n e s están practicando un nearshoring de narrativas.

Están construyendo una “tercera vía” que no depende de la hegemonía de uno, sino de la interdependencia de muchos. Cuando Indonesia condiciona su níquel o cuando la Unión Europea busca un nearshoring político con la India, no solo se firman contratos: se traslada el centro de gravedad diplomático hacia zonas donde la estabilidad institucional se convierte en el activo más valioso. PODER BLANDO Y PODER DURO El nearshoring político funciona como una herramienta de doble filo. Es poder blando porque actúa como un imán: las empresas globales ya no trasladan sus sedes a donde los impuestos son más bajos, sino a donde el sistema político es cercano y predecible. El fenómeno de reubicación hacia centros como Singapur o Suiza en 2026 es prueba de ello. Pero también es poder duro.

Al relocalizar alianzas y excluir a actores “impredecibles” de los foros de decisión tecnológica o energética, los bloques de países aliados están levantando murallas políticas mucho más difíciles de derribar que un arancel aduanero. La gran lección de Davos 2026 es que la globalización no ha muerto, pero se ha vuelto selectiva y profundamente política. El liderazgo ya no se ejerce desde un único centro global; se ha relocalizado e n b l o q u e s d e confianza. El WEF 2026 nos enseña que, en un mundo de rupturas, la mayor ventaja competitiva de un país no es su mano de obra barata ni su ubicación geográfica, sino la solidez de sus alianzas y la claridad de su narrativa. TRES CLAVES DE DAVOS 2026: 1. La globalización no murió: se volvió selectiva y política. 2. La estabilidad institucional es la nueva ventaja competitiva. 3. Las alianzas pesan más que la geografía o la mano de obra barata. La lección es clara: en 2026, los Estados ya no se preguntan qué tan cerca están de los mercados, sino qué tan cerca están de los valores. Quien no relocalice sus alianzas hacia puertos seguros navegará solo en la tormenta de la nueva geopolítica. → En Análisis de ADIANNETTE LICONA DAVOS 2026 Y EL SURGIMIENTO DEL NEARSHORING POLÍTICO ANÁLISIS Economista coresponsal en Davos 2026


