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La Ciudad de México es una ciudad global bajo cualquier parámetro que se considere. En 2022, la Ciudad de México y el Estado de México aportaron aproximadamente el 25 % del PIB nacional, cifra significativa considerando que México se ubica entre las 20 economías más grandes del mundo. En el mismo año, la Ciudad generó $145,500 millones de dólares en ventas internacionales y $209,000 millones en compras internacionales. En conectividad aérea, la Ciudad de México se ubica en el primer lugar de América Latina con 27.3 millones de asientos en vuelos internacionales, de acuerdo con la firma Mabrian. Por lo que respecta al turismo, en 2022 la Ciudad recibió a 11,900 millones de personas turistas que realizaron gastos por arriba de los $110,000 millones de pesos. En Inversión Extranjera Directa, de los casi $33,000 millones de dólares llegados a México en el tercer trimestre de 2023, casi la tercera parte los recibió la Ciudad de México.

En estos tiempos de elecciones y debates será importante conocer si alguna plataforma política propone proyectar estratégicamente a la Ciudad de México en el plano internacional. Aunque el Gobierno de la Ciudad existe una Coordinación General de Asesores y Asuntos Internacionales, la implementación de una estrategia con vocación internacional y con acciones concretas ha sido casi inexistente. Más allá del programa de Ciudades Hermanas y la gestión de las intersecciones internacionales de la agenda política local, no ha existido una propuesta concreta que permita aprovechar el papel de la Ciudad como una urbe global.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (World Urbanization Prospects 2018, https://population.un.org/wup/), en 2050 dos de cada tres personas en el mundo vivirán en zonas urbanas. Hacia la mitad del siglo XXI, alrededor de 2.5 mil millones de personas migrarán hacia las ciudades. Como resultado de este proceso, de acuerdo con la misma ONU, en 2030 podrían existir 43 megaciudades con más de 10 millones de habitantes, la mayoría de ellas en países en desarrollo. Por otra parte, el INEGI indica que en 2020 la Ciudad de México contaba con 9.2 millones de habitantes y, considerando la zona metropolitana que incluye al Estado de México e Hidalgo, la población del Valle de México alcanza los 22 millones de habitantes.

Este proceso demográfico incrementa la presión sobre los servicios e infraestructuras urbanas que atienden las necesidades de la población: seguridad, sanidad, agua, movilidad, centros de trabajo y recreación, etc. Es natural que las demandas de la población y los recursos de los gobiernos se centren en estas necesidades. Sin embargo, a la par de este proceso de migración hacia las ciudades ha crecido el papel de éstas como entidades dinámicas en los procesos internacionales. Aunque todavía a nivel macro generalizamos los retos y logros económicos y sociales de los países en cifras nacionales, en las tendencias contemporáneas de la globalización, las ciudades y sus políticas tienen cada vez mayor capacidad de atraer personas, inversiones y conectar al mundo.

Diversas organizaciones e instituciones evalúan el impacto internacional de las ciudades. El Reporte de Ciudades Globales 2023 de la consultora Kearney, por ejemplo, elabora una clasificación de las ciudades considerando su conectividad internacional y su capacidad de influir y de ser influenciadas por las dinámicas globales. En este Reporte que evalúa 156 ciudades, la Ciudad de México se ubicó en el lugar 28, incrementado su posición consistentemente desde 2019 cuando se ubicaba en la posición 40. Para referencia, los primeros cuatro lugares los ocupan desde 2018 Nueva York, Londres, Paris y Tokio.

En este escenario, las ciudades se consolidan como microcosmos globales, espacios sociales en los que se reúnen personas con talento y competencias con oportunidades de desarrollo y crecimiento. La cercanía e interacciones que promueven naturalmente las ciudades favorecen el intercambio de ideas, el desarrollo de espacios de innovación y la oportunidad de poner a prueba estas propuestas en políticas públicas que tienen un impacto directo en una población determinada. Así, cada vez más ciudades se ocupan activamente de desarrollar su potencial y vocación internacional coordinadamente con la atención de sus retos locales. A continuación, algunos ejemplos.

Desde hace más de un siglo, la ciudad de Ginebra, Suiza encontró su vocación global al convertirse en sede organizaciones internacionales. Actualmente, la ciudad es sede de más de 40 organizaciones gubernamentales y más de 400 no gubernamentales. El gobierno de la ciudad promueve la creación de vínculos entre estas instituciones, aprovechando el talento que éstas atraen para generar foros en los que se desarrollen propuestas para atender los grandes retos globales de seguridad, desarrollo, cambio climático, entre otros. Igualmente, las instituciones académicas como la Universidad de Ginebra y el IHEID aprovechan esta proximidad para aproximar a sus estudiantes al trabajo de esos mecanismos internacionales.

Por otro lado, Barcelona, España encontró un nicho específico en la cooperación internacional para la ciencia. Barcelona es una de las ciudades con más representaciones consulares en el mundo y atrae a grandes grupos de estudiantes, personas investigadoras y a grandes empresas y organizaciones. Con estas condiciones, en 2018 un grupo de personalidades de la vida científica y académica, así como instituciones públicas y privadas, establecieron el Barcelona Science and Technology Diplomacy Hub, una asociación sin fines lucro que promueve a la ciudad como un laboratorio global para la diplomacia científica y que realza el papel de la ciencia y las ciudades en las políticas exteriores. La pandemia del Covid-19 y sus efectos en las grandes concentraciones de población demuestran el valor de generar proyectos con objetivos similares.

En cuestiones humanitarias, la ciudad de Nagasaki, Japón es otro ejemplo de una ciudad con una vocación clara. Antes del siglo XX, la ciudad gozaba de una posición económica estratégica como la única en Japón abierta para los países de occidente durante el periodo Edo. Después de la Segunda Guerra Mundial, y como consecuencia del impacto de la segunda bomba atómica, la ciudad adoptó un papel en la lucha por la abolición y la no proliferación de las armas nucleares. En esta estrategia se generó la iniciativa “Alcaldes por la Paz”, en la cual la ciudad desempeña un rol protagonista, haciendo llamados para la prohibición absoluta de las armas nucleares, promoviendo foros de discusión y participando como organización con estatus consultivo ante el Consejo Económico y Social de la ONU. Estos esfuerzos fueron sin duda fundamentales para lograr la adopción del Tratado sobre la Prohibición de Armas Nucleares en 2017.

Volviendo a la Ciudad de México, destaco dos cualidades comunes en los ejemplos anteriores: en primer lugar, aunque estas ciudades no generaron intencionalmente las condiciones que las convirtieron en ciudades globales, si supieron reconocer las circunstancias que identificaron oportunamente y, en segundo lugar, una vez conocidas las oportunidades, se avocaron estratégicamente a aprovecharlas con acciones concretas, coordinadas entre sectores públicos y privados, y con prospectiva internacional.

¿Qué vocación podría encontrar la Ciudad de México para promoverse como referente y actor de influencia global? Las opciones son diversas, pero algunas parecen ser más naturales por contar ya con un número significativo instituciones, organizaciones y de prestigio consolidado. En 2023, la revista Time Out clasificó a la Ciudad de México como la mejor ciudad cultural del mundo. Además de sus instituciones culturales, la Ciudad de México es un centro de atracción estudiantil, al ser sede de prestigiosas instituciones de educación superior en Iberoamérica y atrayendo a personas del mundo hispanohablante y de América del Norte y Europa. Adicionalmente, la diversidad cultural de nuestro país se representa en el microcosmos de la Ciudad que atrae a sus centros de trabajo y educativos a un número importante de personas de otras entidades federativas.

Dadas estas condiciones, y como ejemplifiqué con los casos de Ginebra, Barcelona y Nagasaki, la Ciudad de México cuenta con las bases para diseñar una estrategia concreta de diplomacia cultural como una ciudad global. Esta estrategia no sólo debería tener como objetivo proyectar positivamente a la Ciudad, sino también promover espacios de generación de ideas para integrar la cultura en la vida urbana con el fin de mejorar la calidad de vida de las personas que se trasladan a las ciudades. A través de generar propuestas y ponerlas en práctica en una megaciudad como la Ciudad de México, ésta puede contribuir a mitigar los efectos negativos de los cambios demográficos que resultarán como consecuencia de ciudades cada vez más pobladas y convertirse a la vez en una ciudad global líder para enfrentar los retos que se avecinan en las próximas décadas.

Como lo mencioné antes, las condiciones que hacen de la Ciudad de México una ciudad global reconocida están dadas, hace falta voluntad política de asumir activamente la responsabilidad que esta Ciudad, su gobierno y sus habitantes tenemos en el escenario internacional.
Vía @gobernartemx

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