Explotó la olla de presión en la Embajada de México en Quito Ecuador, la crisis que llevaba meses se dinamitó por las declaraciones de López Obrador sobre el proceso electoral ecuatoriano.
Sin ponerse de acuerdo si el Asilo político aplicaba o no a Jorge Glas, según la convención de Caracas, el gobierno ecuatoriano no esperó más y entró a la fuerza a la embajada mexicana violentando la soberbia nacional y violando la Convención de Viena.
Si los dos gobiernos violaron convenciones siempre tendrá más peso las violaciones a la de Viena, eso México lo sabe y le sacará el provecho legal y político que sea necesario.
Pero ¿Por qué en Ecuador harían algo así? Sencillo, el presidente Noboa está apunto de enfrentar su referéndum en Ecuador y no estaba muy bien en las mediciones, decidió legitimarse sacrificando la relación con México y otros países que condenaron el hecho a cambio de entregar a la justicia al vicepresidente corrupto del correísmo.
Condenable desde donde se vea, y sí, en todos lados se cuecen habas.
Lo que vimos entre AMLO y Noboa ha sido la comprobación de los dichos de Tucídides, aquel gran filosofo que mencionaba que los hombres estaban guiados por actos de Honor, temor o interés propio.
Cada uno jalo la correa a donde le convenía y esta terminó por romperse, México ya acudió a la corte internacional de Justicia y ganará, no hay forma de que no. Ecuador afrontará las consecuencias pero lo que está en duda es si a Noboa le alcanzará para impulsar la reformas de su referéndum o la Sociedad le dirá muchas gracias por participar, si esto pasa todo habrá sido en vano para él.
Y ojo y que quede claro, aceptar que AMLO dinamitó la relación diplomática con Ecuador no es avalar, justificar o celebrar la irrupción en la Embajada por parte de Noboa, se puede estar indignado con las dos cosas al mismo tiempo.


