El rechazo que hoy expresan simpatizantes del PAN hacia Ricardo Salinas Pliego no es un accidente ni una anécdota de redes sociales. Es un síntoma. Un síntoma de que incluso dentro de la derecha mexicana, aparentemente, existe un límite frente a personajes que han hecho del privilegio fiscal, la evasión, el chantaje, la confrontación y la victimización un estilo de vida.

Durante años, el discurso panista giró en torno a la defensa del empresariado, la iniciativa privada y la supuesta meritocracia. Sin embargo, con Salinas Pliego los simpatizantes del PAN rompen esa narrativa cómoda. Empecemos por decir que no se trata de un empresario productivo acosado por el Estado, sino de un magnate que enfrenta adeudos fiscales multimillonarios y que ha decidido convertir su litigio con el SAT en una cruzada ideológica, usando la libertad de expresión como escudo retórico y las redes sociales como tribunal paralelo.
Lo relevante es que ese discurso no está generando un consenso automático ni entre las bases panistas, con quienes, en teoría, tendría mayor simpatía. Los datos de la encuesta de GobernArte son contundentes: si Salinas Pliego fuera candidato del PAN a la Presidencia de la República, el 53.4 % no votaría por él. En contraste, solamente el 33.9 % lo haría. En palabras más simples, Salinas Pliego no es considerado un aliado para el panismo, sino un lastre.
El rechazo también exhibe una tensión interna más profunda. El PAN enfrenta el dilema de seguir siendo un partido político o convertirse en una plataforma de intereses corporativos disfrazados de “libertad”. Si Salinas Pliego fuera su candidato, para el 38 % confirmaría que existe una crisis interna de cuadros políticos, y para el 24.4 % que no tienen ningún proyecto de país, pues choca con la esencia histórica del PAN.
En el fondo, el mensaje es contundente: la evasión ya no es defendible como causa ideológica. Cuando el discurso empresarial se separa del cumplimiento de la ley, pierde legitimidad social. Al final, la política puede tolerar (y cada vez menos) algunas contradicciones, pero hay una que pesa cada vez más: pedir un Estado mínimo cuando se trata de pagar impuestos y un Estado máximo cuando se trata de proteger privilegios.
“Salinas Pliego no busca un proyecto de nación, persigue un proyecto coorporativo con impunidad fiscal. Y eso, incluso para una derecha tradicionalmente cercana al poder económico, resulta difícil de digerir”
“El rechazo a Salinas Pliego no es ideológico: es el límite que se comienza a trazar frente a la incongruencia, la evasión y el chantaje”



