Todos los días realizo el mismo ritual, me levanto de madrugada y después del ejercicio leo los periódicos nacionales y hojeo algunos internacionales. El sábado 24 ninguno mencionó en su portada que se aprobó en comisiones de la Cámara de Diputados la desaparición del Instituto Nacional de Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI).
No me llama la atención el hecho de que las personas no se lamenten por la desaparición de dicho instituto, pero si alarma que los periodistas que obtienen información gubernamental gracias a la existencia del INAI no digan absolutamente nada. Casi todos los reporteros, redactores, editores y jefes de información hemos solicitado algún dato al instituto. Ojo, el INAI no es dueño de la información, sino que por ley obliga a los entes gubernamentales a darla a conocer y difundirla.
Gracias a la existencia del INAI todos pudimos conocer en 2014 la existencia de la “Casa Blanca” de Enrique Peña Nieto. Esta vivienda ubicada en las Lomas de Chapultepec tiene un valor de siete millones de dólares y fue construida por Grupo Higa, empresa que obtuvo contratos millonarios cuando Peña Nieto fue gobernador del Estado de México.
Poco antes, en 2011 se realizó una investigación periodística basada en datos obtenidos a través del INAI donde se reveló que la serie de televisión El Equipo le costó a la Secretaría de Seguridad Pública federal de Genaro García Luna 118 millones de pesos. De igual manera el Instituto Nacional de Acceso a la Información fue fundamental en la investigación realizada por el periodista Arturo Ángel Mendieta donde se reveló la llamada estafa maestra donde entre 2013 y 2014 se conoció que el gobierno desvió 7 mil 670 millones de pesos a través de contratos otorgados a 11 dependencias y 186 empresas.
Durante el presente sexenio nuevamente el INAI fue fundamental para sustentar la investigación que reveló que José Ramón López Beltrán, hijo mayor del presidente López Obrador, vivía en Houston en una mansión de un millón de dólares la cual era propiedad de un ejecutivo de la empresa Baker Hughes, la cual obtuvo contratos millonarios de Pemex entre agosto y octubre de 2019. Gracias al INAI nos enteramos de que la Secretaría de la Defensa Nacional contrató a una empresa que, a través del software Pegasus, espió a defensores de derechos humanos y periodistas.
Si usted querido lector cree que los políticos entregan información por gusto propio está equivocado. El periodista debe ingeniárselas y el INAI es la herramienta legal más eficiente con la que contamos para poder acceder a información que, de otra manera, permanecería oculta.
El presidente Andrés Manuel López Obrador ha justificado la desaparición del INAI señalando que fue creado para combatir la corrupción y nunca funcionó lo cual es falso. Gracias a la existencia del Instituto hemos conocido decenas de casos de corrupción. Pero no es todo, cualquier ciudadano puede solicitar información a las dependencias y gracias a la intervención del INAI es muy probable que reciban una respuesta favorable.
La propuesta de la Cuarta Transformación es que la Auditoría Superior de la Federación asuma las responsabilidades del INAI. Sin embargo, dicho órgano depende de la Cámara de Diputados en donde Morena tiene una aplastante mayoría. Es muy probable que en unas semanas seamos testigos de la desaparición del INAI y desde esta modesta columna quiero levantar la voz y advertir que será un duro golpe al periodismo y es por eso que no se entiende que ningún diario de circulación nacional le haya dedicado unas líneas a este hecho es sus primeras planas. Qué triste.
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