Desde hace varias semanas Haití vive una de sus peores crisis de gobernabilidad, marcada por una escalada de violencia en la que los grupos criminales amenazaban con un genocidio. El primer ministro Ariel Henry dimitió al cargo en medio de este clima tenso, estableciéndose un consejo presidencial de transición y el nombramiento de un primer ministro interino. La decisión se tomó tras una reunión en Jamaica con representantes de otros socios internacionales como Estados Unidos y Francia, así como de la ONU, ante la presión de la comunidad internacional y la inestabilidad en el país.
La escalada de violencia en Haití, sobre todo en la capital, Puerto Príncipe, ha captado la atención global por la situación de inseguridad e ingobernabilidad. Los ataques armados coordinados por pandillas contra comisarías de policía e instituciones gubernamentales, incluyendo la prisión más grande del país, han desatado el caos. Desde entonces, las ciudades haitianas han caído bajo el control de bandas criminales, oponiéndose abiertamente al gobierno del impopular primer ministro Ariel Henry. La violencia en Haití no es nueva, pero la reciente escalada refleja la incapacidad del gobierno para contener a las pandillas, exacerbando una crisis humanitaria en un país marcado por la corrupción y la inestabilidad política. Las cifras alarmantes de homicidios y secuestros, junto con la renuncia masiva de agentes de policía, evidencian la magnitud del desafío al que se enfrenta Haití y la urgencia de una solución para restaurar la paz y la seguridad en el país.
Vía @gobernartemx


